Cómo perder la cabeza con el burka

3 Mar

EVA Y.

A veces resulta entretenido analizar nuestros esquemas mentales, nuestro sentido de la libertad y nuestra incapacidad para entender que nuestras creencias no son universales.

Vemos la paja en el ojo ajeno, especialmente si el ojo pertenece a alguien que consideramos más débil que nosotros y al que nos vemos obligados a ayudar por compasión y auto-satisfacción. Y tenemos tan asumidas como “normales” algunas costumbres camufladas entre las paredes de la Democracia, que no detectamos las constantes incoherencias que se dan entre nuestros actos y nuestros discursos.

Por ejemplo, la proclama de la igualdad entre el hombre y la mujer; una causa que cualquier mujer, como tal, debería perseguir y defender en TODAS sus dimensiones. Desde la igualdad en el trabajo -una de las peticiones más firmes- hasta la igualdad en la estética. Pero respecto a esta segunda tipología hay un pequeño problema: las mujeres creemos que nos maquillamos, depilamos, encadenamos dietas y calzamos tacones por hacernos un favor. La frase: “Me arreglo para gustarme a mí misma, no a los demás” está a la orden del día. 

tachar

Cuando la escucho -puede que yo misma la haya dicho alguna vez- se dibujan en mi cerebro paisajes apocalípticos y desolados, como la ciudad de Londres en “28 días después” o el mundo entero en “Mecanoscrito de segundo origen”. Y sobre el pensamiento de una mujer pasándose la silk-épil en ese contexto, aparece una enorme cruz negra, como indicio de descarte, tachando la imagen mental.

Es cierto que nadie nos obliga ni amenaza, y que no supone perjuicio para nadie más que para nosotras mismas -la inversión de tiempo en tuneado no es ninguna broma-. Pero existen prejuicios y estigmas sociales que nos hacen rechazar los pelos y los michelines. No puedo decir que conozca la historia del maquillaje, la depilación ni los tacones, porque no es así; pero aunque en un principio hubieran respondido a algún tipo de imposición, la mayoría no cuestionaríamos su validez; es una costumbre totalmente arraigada en nuestra comunidad que no vemos dañina, sino gratificante.

Todo el rollo anterior para manifestar mi acuerdo con el Tribunal Supremo al anular la prohibición del uso del burka en el Ayuntamiento de Lleida. Una medida adoptada en 2010 a petición del gobierno municipal (PSC) y su alcalde, Ángel Ros y que tras el fallo del Supremo queda invalidada.

Cabe pensar en las buenas intenciones de la corporación municipal, pero el simplismo con el que se articula la ordenanza deja patente el problema ya mencionado: la incapacidad para entender que los valores propios no son universales.

burka

Partir de la base de que las mujeres llevan hiyab o burka únicamente por coacción o por imposición de sus maridos no es más que una muestra de paternalismo. Y sí así fuera, el burka no sería precisamente el problema a erradicar. ¿Qué sentido tendría que la administración prohibiera por un lado y el marido obligara por otro? ¿No se convertiría la mujer en una pelota de ping-pong sin margen para elegir su propia dirección?

Ahora, hagamos el esfuerzo de imaginar que igual que aquí llevamos shorts de lentejuelas de Bershka, nos quemamos el pelo con tenacillas o nos enterramos la cara bajo cantidades ingentes de productos químicos de colores -sin que formen parte de una simbología religiosa-, estas mujeres llevan hiyab o burka por voluntad propia. Si ponemos de nuestra parte, tal vez esta posibilidad perfore nuestros prejuicios y se abra paso en nuestra mente, como lo hace la luz del sol al atravesar el ojo de la cerradura de un gran portón oxidado. Y si así fuera, la prohibición de su uso podría suponer la incomodidad y la reclusión de estas mujeres de los espacios públicos.

La obligación es la forma más fácil de explicar lo que no podemos asimilar según nuestros valores prefabricados; y la forma más fácil de resolverlo, su prohibición. Supuestamente, así nacieron las religiones.

En palabras del propio Tribunal Supremo: “[…] no consideramos adecuado que, para justificar la prohibición que nos ocupa, pueda partirse del presupuesto, explícito o implícito, de que la mujer, al vestir en nuestros espacios públicos el velo integral, lo hace, no libremente, sino como consecuencia de una coacción externa contraria a la igualdad de la mujer […] “.

burka gracias

¿Y qué decir de ese argumento que señala al burka como desestabilizador del orden público y la paz social? Que antes no había pensado en ello, pero ahora me domina la paranoia cada vez que en la Puerta del Sol veo a Bob Esponja o a Dora la Exploradora con esas inquietantes sonrisas que auguran fatalismo; que cuando levantan la mano para saludar pienso que van a sacar una pistola de ese mar de felpa; que atravesar la Plaza Mayor se ha convertido en una secuela de la guerra de Vietnam.

Pero donde realmente ha metido la pezuña el Ayuntamiento de Lleida, intentando estar a la vanguardia en prohibiciones modernas al nivel de algunos vecinos europeos, es en vulnerar la libertad de culto. Quizás los redactores de la Constitución, allá por el 78, no imaginaron el “embolado” en el que metían a sus socios del futuro al establecer derechos fundamentales que, o bien fueron mal articulados o bien fueron demasiado pretenciosos otorgando el beneficio de la duda a nuestra propia sociedad. Escribieron sobre algo llamado libertad religiosa cuando aún no somos capaces de respetar la de expresión.

No tengo soluciones para este asunto tan extremadamente delicado: desde luego, no lo apoyo, pero tampoco su prohibición sin miramientos. Ni siquiera el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sabe cómo limitar la estrecha línea entre la obligatoriedad y la decisión propia, porque muchas veces de la primera, nace la segunda. Pero a menudo me pregunto si este afán por entrometerse en culturas ajenas amparándose en la dignidad y la igualdad de los individuos no será más que una burda artimaña dirigida por el miedo a que costumbres “invasoras” borren los vestigios de nuestras viejas tradiciones.

En esta caso es necesario un profundo ejercicio de abstracción para tratar de “comprender” o empatizar un poco más con lo que nos es ajeno, al tiempo que evaluamos desde el prisma del distanciamiento lo que nos es común.

Ahí están las monjitas de clausura, encerradas de por vida entre muros de piedra y aparatosas vestimentas, condenadas a no relacionarse más allá de lo que establecen los límites de su convento y sus creencias. Quizás es el hecho de no verlas lo que nos hace tolerar su estilo de vida; o quizás el hecho de que se encierren por voluntad propia. No sé si cuando pensamos que el uso del burka es indigno porque aísla a la mujer de la vida social hacemos lo propio con las monjas de clausura. Ellas llevan la cara al descubierto -esos 10 centímetros cuadrados de carne que les otorga el hábito como tregua- pero nadie se la va a ver.

burka monja

En lo que a religión se refiere, España -que vendiénose como “aconfesional” se hace cómplice de la publicidad engañosa- ni el Catolicismo están para dar lecciones sobre igualdad entre hombre y mujer. Echemos un vistazo al Vaticano o a la Conferencia Episcopal. ¿Detectáis señoras? Yo tampoco. Están todas en los conventos de clausura, en los coros de las parroquias o limpiando las casas de los curas. Y aunque, pese a todo lo escrito, no me guste el velo integral -pero menos aún su prohibición-, me alegría si Dios, desde los cielos, cubriera con burkas a todas esas UVAS PASAS masculinas que desde sus tronos de terciopelo dicen representarle en la Tierra. Solo así me haría creyente.

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5 comentarios to “Cómo perder la cabeza con el burka”

  1. María marzo 4, 2013 a 3:00 pm #

    Muy bien expresado, en tus primeras frases esta el resumen. La que llevan organizando con esto del niqab, hijab, chador etc. resumido para los mas media en burka, sera porque la connotación de la palabra les suena mas horrendo no se. Tal vez pretenden que se asocie mentalmente a Afganistan, y meter así todo en el mismo saco.
    A la postre, política todo, defensa de la mujer ninguna, pues si estaban obligadas malo ya que ahora no podrían salir de casa, y si era voluntario pues también les tocaban las narices. Lo cierto es que obligadas en nuestro país creo que ninguna y pondría la mano en el fuego. En cambio cabreadas y molestas a puñados, y cuando una mujer musulmana o no, se cabrea cuidadin…. Así que lo dicho política y nada mas.
    Felicidades buen post.

    • Beatriz abril 21, 2013 a 4:27 pm #

      ¿Obligadas en nuestro país ninguna? ¿Seguro? Estoy de acuerdo en que con leyes como esta no se soluciona para nada el problema, pero eso no significa que el problema no esté ahí. Ayer mismo le pregunté a una compañera musulmana su opinión sobre el hiyab, y su contestación fue que para ella el hiyab era una tontería impuesta por su familia, como llevar un gorro, que a veces la molestaba pero ya se había acostumbrado. Luego me explicó que algunas lo llevan como sacrificio por Dios, pero que ese no era el caso de la mayoría. Por último, cuando la pregunté por el futuro, y si ella creía que algún día las mujeres podrían decidir sobre religión sin la influencia de sus familias o la sociedad su contestación fue esta: eso es imposible. Es triste, y puede que a muchos no les guste, pero la realidad está ahí, algunas están obligadas, incluso en países como el nuestro. Mi novio es marroquí, y siempre insiste en que si seguimos juntos debería ponerme hiyab, se que lo dice en broma, pero cuando no bromea es cuando dice que en Marruecos una mujer enseñando el pelo es como una mujer enseñando las tetas, por mucho que ellas quieran, está mal visto, y sin el apoyo de su familia es imposible que tomen la decisión con libertad. En este mundo hay de todo, así que afirmaciones como la tuya son tan dañinas como leyes absurdas.
      Por último sólo decir que estoy harta de que se confunda el burka con el niqab, ya que la diferencia es bastante grande, y defender el burka es como defender la represión de la mayoría de afganas, o así es como lo veo yo.
      Un saludo cordial
      Pd: http://awwproject.org/2010/04/under-burqa/

      • bustocracia abril 21, 2013 a 7:52 pm #

        En ningún momento defiendo el burka, el niqab ni el hiyab ni la “cultura” de la represión de la mujer en el mundo musulmán. Creo que, o yo me he expresado mal o lo has malinterpretado.
        Al escribir esto lo que pretendía era hacer una crítica de NUESTRA sociedad, de cómo nos llevamos las manos a la cabeza con estos temas -y con razón- mientras que asumimos nuestro entorno y nuestro modo de mostrarnos al mundo como la “libertad” absoluta. Demonizamos las demás culturas -repito, con razón, siempre que haya una violación de los Derechos Humanos- mientras nosotrAs nos sometemos a la tiranía de la estética y a la dictadura de la moda sin rechistar, pensando que somos nosotras quienes elegimos. De eso nadie dice nada, ni siquiera nosotras. Es penoso.

        Aunque ya al escribirlo me imaginaba que podría provocar este tipo de respuestas, me reafirmo en la idea de que la prohibición no es el camino para resolver una cuestión tan delicada. Y si alguien, haciendo acopio de su filantropía, ve la prohibición como la solución, se estará poniendo a la altura de los represivos entornos de estas mujeres, en los casos en que los llevan por imposición.

        Existe un problema, es evidente, pero intentemos hacer algo por resolverlo practicando la autocrítica y no el proteccionismo ni la compasión. No podemos luchar contra este asunto mientras vemos la pasarela de los ángeles de Victoria Secret en Corazón Corazón y nos quedamos tan panchos. Repito: es penoso.

        Un saludo y gracias por leernos

      • Beatriz abril 21, 2013 a 9:19 pm #

        Como explico en mi anterior comentario, no estoy de acuerdo con la prohibición, ni critico tu post, ni nada parecido. Lo único que he criticado es el comentario de María donde ella se atreve a “poner la mano en el fuego” afirmando que en nuestro país no hay ningún caso de mujeres obligadas a llevar hiyab, niqab, o cualquier otra cosa, cuando eso es completamente falso, y creo que ignorarlo es muy peligroso ya que es una forma de rechazar y dar la espalda a esas mujeres.
        Respecto al resto, si, estoy completamente de acuerdo, no vivimos en una sociedad perfecta, y no somos nadie para criticar la forma de vida de otras personas, como tú bien has dicho, hasta que no se violen los derechos humanos. Cubrirse la cabeza, o el cuerpo entero, no tiene nada de malo, a mi nadie me pide que me quite la camiseta para caminar por la calle así que nadie debería pedirle a una mujer musulmana que se destape la cabeza si ella no quiere.
        Y por último, no digo que defiendas el burka, pero es algo muy molesto que se confunda continuamente, porque un niqab puede ser defendible si una mujer quiere llevarlo, pero un burka representa, como bien dice la mujer afgana que escribió el poema que añadí en el link, una jaula, y su único objetivo es hacer invisible a una mujer, algo así como quitarle su identidad.
        Un saludo, y gracias por compartir tus pensamientos

      • bustocracia abril 22, 2013 a 11:31 pm #

        Perdona por el malentendido, no me aparecía el otro comentario. No te quito la razón en tus palabras, estoy de acuerdo con ellas. Gracias también a vosotras por compartir los vuestros. Un saludo.

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