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El Día de Miquel Roca

8 Nov

EVA Y.

Hoy, 8 de noviembre, debería establecerse el Día Nacional de Miquel Roca. ¿Que por qué? Pues porque está, de alguna manera, involucrado entre dos grandes acontecimientos. Ayer, 7 de noviembre, se conocía que la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca ha decidido mantener la imputación de la Infanta Cristina por dos delitos fiscales. Mañana, 9 de noviembre, se celebra la consulta “anticonstitucional” promovida por los partidos independentistas, con CiU dirigiendo el carro y Artur Mas (Convergència Democràtica de Catalunya) llevando las riendas del caballo.

Resulta que Miquel Roca es militante de CDC, promotor, en parte, de esta consulta independentista “anticonstitucional”.

Miquel Roca es, también, abogado defensor de una causa indefendible: el honor de la Infanta Cristina. Ella es, a su vez, representante de la institución más españolista y unionista habida y por haber, y su trabajo por la patria es solo comparable al que realizan personalidades como Ortega Cano o Isabel Pantoja, cuyos presentes y futuros se cuecen entre rejas.

Pero lo realmente importante es que Miquel Roca es “padre” de la Constitución. Un padre al que, visto lo visto, deberían investigar los servicios sociales dados los indicios de maltrato y desantención.

Si la Constitución tuviera boca, pediría unas manos que la reescribieran y la liberaran de su propia pasividad y rigidez, y unas piernas para huir de quienes la violan constantemente sin pudor, alegando que ella se deja. ¿Será su propio “padre”, ese señor tan respetable, uno de ellos? Si lo fuera, con más razón merecería en este país tener su propio Día Nacional. Enhorabuena.

A la sombra de los Guindos

6 Feb
antonio de guindos

¿Eh? ¿A quién recuerda ese hombre de redonda cabeza y traje aceituna?

EVA Y.

Era viernes, 3 de noviembre de 2012. Habían transcurrido tres días desde la tragedia del Madrid Arena y Ana Botella había anunciado que esa tarde comparecería junto a la artillería pesada de su Ayuntamiento, señores a los que, hasta ese momento, habíamos visto de soslayo en el tercer plano de alguna fotografía moribunda.

En nuestro salón lo habíamos dispuesto todo para no perder detalle alguno de la rueda de prensa e incluso habíamos comprado palomitas. Ella, Botella, cómo no, tomó la palabra y tras el irrevocable anuncio de una batería de medidas que nunca llegó a estar cargada pasó el testigo a sus apóstoles.

Boquiabiertos nos quedamos cuando, debajo de uno de ellos de redonda cabeza y traje color aceituna, apareció un rótulo del Canal 24 Horas que rezaba:

“Antonio de Guindos: Delegado de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid.”

No podía tratarse de una coincidencia. Dos bolas de billar con el mismo número de serie dentro del mismo triángulo: sin duda, pertenecían al mismo lote de fabricación.

Antoñito

Antonio de Guindos

Luis de Guindos

Ellos son Antonio y Luis de Guindos, hijos de la misma madre, servidores del mismo partido y dueños del mismo patrón craneal. Pero como ocurre hasta en las mejores familias, siempre hay un hermano que brilla más que el otro (y no me refiero al destello de sus calvas, no). Sabido es que en este caso salió perdiendo el mayor, Antoñito.

Nació en 1949, once años antes que su ministerial hermano. Se licenció en Ciencias Económicas y Comerciales por la UCM. Tal vez su paso por esta universidad pública determinó su dedicación al Estado durante su carrera profesional. Pero caso extraño el de Antonio. Del vistoso escaparate de Jefaturas Nacionales y Subdirecciones Generales se mudó a la trastienda de la política regional de Madrid y, de ahí, al almacén de stocks de la política local.

Durante la época de Ana Botella como concejala de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, Antonio de Guindos fue su mano derecha, o lo que es lo mismo, la persona que podía desde cepillarle el pelo o servirle un café hasta escribirle un informe sobre emisiones de dióxido de carbono.

Ya sabemos el rechazo que nos provoca el servilismo a las mujeres… y Ana Botella no es la excepción. Al ocupar su sillón de alcaldesa se olvidó de De Guindos, quien recogió del suelo los restos de la Concejalía con un peso más sobre su espalda: la cartera de Seguridad, el lastre que le ha costado su dimisión. A la espera de un puesto mejor que nunca llegó, el silencioso tránsito de Antonio de Guindos por la política se ha detenido por su imputación en el caso Madrid Arena. Él, que ha dedicado su vida al servicio público desde las sombras, sin pedir a cambio fama, sin exigir reconocimientos.

Mientras tanto, Luis de Guindos, Ministro de Economía, habla en inglés para reputados periódicos extranjeros. Él, como buen hermano pequeño, bien por envidia, bien por admiración o, quién sabe, tal vez por vocación, siguió los primeros pasos de su hermano y se licenció también en Ciencias Económicas. Pero pronto tomó su propio camino, cuando percibió que el rastro de éxito y fama del mayor de los De Guindos se había diluido.

Hoy por hoy Luisín ha conquistado importantes logros: el de ser el Ministro de Economía menos creíble de la UE, según el Financial Times o el de ser puntuado por los ciudadanos con un 2,92, como refleja la última valoración del CIS.

Mas ahí está, con su cargo de superioridad intocable, con su cabeza bien alta y bien redonda, con su orgullo y su carisma, con una confianza en sí mismo que es incapaz de trasladar al resto del mundo. Y su hermano, Antonio, se aleja del Olimpo madrileño como la sombra que siempre fue.

La sombra de su hermano…

La sombra de su alcaldesa…

La sombra de su redonda cabeza.