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Grandes Mutilacionales

25 Feb

EVA Y.

Estábamos en el McDonalds comiendo nuggets y salió el típico tema escatológico relacionado con el alimento que en ese momento tienes desmenuzado entre tus dientes y pegado al paladar. En este caso, el de las mutilaciones que sufren los pollos que felizmente nos llevamos a la boca -yo la primera- y que a menudo nos dejan al borde de la explosión estomacal.

Aunque hace apenas un año entró en vigor en la UE una directiva que mejoraba las condiciones de vida de los pollos en las explotaciones avícolas, España, fiel a su Marca, seguía sin cumplirla tras un plazo de adaptación de 12 años. Pero casi más triste que esto es que haya sido Europa, y no los propios gobernantes del país, quien ha legislado sobre el bienestar animal. Y más teniendo en cuenta que durante seis años la vicepresidencia del Ejecutivo estuvo ocupada por un espécimen de la familia Phasianidae camuflada en el corral del socialismo.

de la vega

No es una exclusiva hablar sobre las atrocidades que aún se cometen en los campos de concentración avícola españoles y de otros países. Mutilaciones de picos para que, a causa del hacinamiento, no se ataquen los unos a los otros; restricción de alimento y agua para contrarrestar el ‘ceporrismo’ al que son sometidos; deformación de las patas provocada por el sobrepeso y la incapacidad para moverse. En fin, una historia de tortura y sadismo que parece escrita por el guionista de ‘Saw’ y tras la cual están, cómo no, algunas grandes MUTILACIONALES.

No voy a dejar de comer pollo, eso es así y, siguiendo los dictados de George Soros, prefiero predicar desde la hipocresía que con la ejemplaridad. Tampoco me voy a abandonar a la autocrítica ni a proponer soluciones simplistas de las que ya han hablado otros, como rebeliones en las granjas o dinamitas pa los pollos. Prefiero delegar toda responsabilidad en Miguel Arias Cañete. Me gustaría que nuestro ministro, ese tan ‘freegan’ que consume yogures caducados, acrecentara su fama de ‘outsider’ y acabara con la Love Parade del sector primario (ya que sus predecesores no lo han hecho).

Pero al parecer esta es una cuestión menor y desde principios de 2012 -cuando aún quedaban la mitad de las explotaciones por adaptarse a la directiva- nada se ha vuelto a saber. Últimamente solo escuchamos y leemos noticias sobre el fraude de la carne de caballo.  Y no es por menospreciarlo, que el tema tiene su enjundia, pero a la espera de que se demuestre lo contrario se trata de un mero asunto de etiquetado. El clásico “gato por liebre” del refranero español – “perro por cerdo” en China- cuya repercusión radica en el sonrojo que este engaño provoca en las autoridades competentes y en los propios consumidores. Que si Buitoni, que si La Cocinera, que si Ikea… Nuestras marcas de referencia nos traicionan y ahora queremos vengarnos destapando hasta el último átomo de caballo camuflado bajo las pieles de becerra (hasta el punto de que solo falta la vaca de Milka por someterse a las pruebas de ADN).

Aunque otra opción también factible es que esta psicosis colectiva tenga su origen en la creencia del “somos lo que comemos”. Nuestra excesiva superficialidad estética nos hace horrorizarnos ante la idea de evolucionar, cual Animorph, hasta esos límites insospechados marcados por la cara de Alicia Sánchez-Camacho.

Animorphs

Pensándolo bien es mejor eso -siempre que estos caballos hayan tenido una vida tan digna como la de Artax o la de Babieca–  que despertarse un día encerrado en un recinto avícola sin luz ni aire, sin una boca con la que poder desquitarse, colgado boca abajo con un grillete en cada pie, esperando a la muerte después de una corta pero intensa vida de torturas, estreses, y desórdenes psicológicos. Eso ya lo vi en ‘Hostel’ y no me gustó nada.

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