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Un Pulitzer en el trastero

24 Abr

CARLOS MIER

Su poblada barba entró en la cafetería justo antes de que una imponente nariz dejara paso a dos ojuelos vivaces que ya me buscaban entre los clientes. Después de identificarme me saludó sin mucho afán y en el ademán de asiento ya le noté las profundas ganas que tenía de acabar. Si soy sincero y desactivo el filtro romántico de la memoria, tengo que reconocer que yo también quería un encuentro rápido y efectivo. Dos buenas amigas me habían pasado un encargo de la Asociación de Fotoperiodistas Asturianos y esta era la última de las tres entrevistas que tenía que hacer para su página web. Había conseguido concentrarlas todas en la misma tarde y ya me dolía la cabeza. Además, él iba con un poco de prisa. Las jornadas internacionales de fotoperiodistas que se celebraban en Mieres tenían que continuar y tampoco estaba la cosa para perder energías. En esos días de reencuentro de viejos y viejas colegas de profesión, siempre se sacan unas cuantas fotos nocturnas.  

Sin embargo, fue poner nuestros respectivos culos en la silla y convertirnos en los tipos más afables del mundo. Pedimos un café y charlamos media hora larga, quizás una entera. Puede que ahora, con un carro al que subirme, sea muy oportunista y esté muy manido decir que me pareció una persona de esas que no pertenece a la sociedad en la que le tocó nacer. Su cuerpo estaba allí pero todo lo demás no. Lo demás quería estar en otra parte. O ya se había quedado allí.

Leo a Juanlu Sánchez estos días, después de haberse conocido el galardón: Los medios españoles le han ignorado, salvo cuando le secuestraron. La tribu del gran periodismo le ha mirado con recelo, como a casi todos los nuevos fotoperiodistas criados al margen del gran derrumbe de los periódicos (…) es un tipo duro. Lo ves y tiene pinta de reportero de guerra. Le escuchas y sabes que él hará cosas que tú no serías capaz de hacer. Hasta intuyes que a veces te juzga por ello. Pero luego, un día difícil en tu vida, hace poco más de un año, te abre un chat y te dice “ánimo”. Y entonces descubres esa empatía sin la que las fotos que hace no se hacen”.

Sonrío al acabar la lectura y después la reproduzco porque no se puede definir mejor lo que yo sentí aquella tarde de 2010 en una única conversación con él.

En los archivos de mi grabadora aún guardo aquellas palabras que intercambiamos. Ahí se quedó, atrapada en una especie de trastero virtual, tapada con una sábana, la voz de un premio Pulitzer. El segundo español y el segundo asturiano. Puede que, después de todo, algo se esté haciendo bien en nuestra malherida tierra. Por aquellas fechas, Gadafi aún no se había convertido en malo oficial y él, Manu Brabo, no había pasado unos duros meses en una celda libia. Tampoco habíamos puesto en nuestras fotos de perfil de Facebook aquel “Manu libre Ya”. En aquel momento solo era un profesional semidesconocido que hacía fotos de motociclismo para pagarse las excursiones a cualquier incipiente infierno.  

Lo que sigue fue perpetrado y transcrito unos días después de aquella tarde. No he cambiado una sola coma:

Aún sin haber cumplido los treinta y con tan solo cuatro años de experiencia en el objetivo, Manu Brabo (Gijón, 1981) tiene la mirada muy acostumbrada al conflicto. Sus trabajos sobre las minas de estaño bolivianas, Kosovo, los inmigrantes marroquíes en Melilla, Cisjordania o las “Villamiseria” de Buenos Aires dan buena muestra de ello. Con la enfermedad del viajero, este joven fotoperiodista asturiano, premio Nómadas en el Festival de Fotoperiodismo de Vitoria Persicopio 2009, administra sus ingresos cubriendo eventos deportivos y de sociedad para financiar sus excursiones a los pequeños infiernos terrestres. De ellos siempre vuelve con un testimonio tan directo como lo son sus palabras. Este mismo mes volvió a su Asturias del alma para participar en las IV Jornadas de Fotoperiodismo de Mieres.

C: Las minas bolivianas, los barrios pobres de Buenos Aires, Kosovo, la frontera de Melilla, Cisjordania… de todos estos lugares en conflicto permanente has regresado con crudas historias que contar. ¿Crees que el fotoperiodismo de denuncia sirve realmente para algo?

Brabo: A ratos piensas que sí y a ratos que no. Lo que sí sé es que hay una parte de que no depende de mí. Yo sencillamente voy, veo y lo traigo hasta aquí. Lo que el espectador hace o decide es cosa suya. Aún así, siempre te queda la esperanza de que alguien vea las fotos y se haga más consciente de los problemas que existen. La idea es decir que esto está jodido y que nos toca empezar a ser un poco más conscientes, casi con todo. La verdad es que ya no me motiva tanto cambiar la visión de las cosas como poder utilizar la cámara como vehículo para llegar a lugares a los que no sería capaz de llegar de otra manera, para que la gente pueda conocer lo que yo veo. Quizás hay un punto vanidoso en todo esto, pero yo creo que merece la pena.

C: Después de casos como el del ya mítico Kevin Carter, con aquella fotografía de unos buitres esperando para supuestamente devorar el cadáver de una niña que aun estaba viva, y de la polvareda mediática que levanto este y otros casos similares, la pregunta se hace inevitable: ¿hasta dónde debe llegar la implicación de un periodista, o en este caso de un fotoperiodista, en un conflicto?

B: Hace poco leí un artículo de unos fotógrafos españoles que habían estado en un campo de refugiados y que tenían fotos prácticamente idénticas a las de Carter. Contaban que lo cierto es que los buitres esperaban simplemente a que la gente defecara para comerse sus excrementos; solo la mierda, no a las personas. Lógicamente sus fotos tuvieron una carga simbólica cojonuda. Por otro lado, yo digo: ¿cuántos negritos tengo que coger de la mano? ¿Realmente la responsabilidad última es mía? ¿Podemos cargar contra la actitud de un fotógrafo como Carter ante un problema que además generamos todos? Desgraciadamente, parece que la solución es matar al mensajero. Todo ese tema siempre me ha parecido de un absurdo brutal. En cuanto a la implicación personal, yo procuro que la cámara no me deshumanice. Siempre he estrechado vínculos con la gente de los lugares a los que voy y seguiré haciéndolo, aunque en ocasiones te lleves disgustos. Denunciar algo sin sentirlo es imposible.

C: En un mundo tan globalizado, ¿aún hay cosas interesantes que fotografiar al lado de nuestra casa?

B: Yo me motivo más cuando salgo fuera. Esto no quita que haya gente que trabaja en su casa y que lo hace muy bien. Además, es necesario estar entrenado en el sentido de que, tal como está el patio, no te pasas viajando todo el año, sino solo cuando reúnes el dinero suficiente para hacerlo. Si me paso meses haciendo fotos de motociclismo y luego directamente me voy de viaje sin volver a acostumbrar la mirada, tardo una semana en empezar a funcionar. Y eso solo lo puedo hacer trabajando al lado de casa.

C: ¿Vas a la aventura o eres cuidadoso preparando los viajes?

B: Conforme va pasando el tiempo, me estoy dando cuenta de la importancia de la producción previa, del peso del proceso que rodea a la propia historia. Las horas de llamadas de teléfono, de enviar mails, el tiempo que uno pasa tomando café con un tío que te pone en contacto con otro tío… uno no llega a los sitios y se pone a hacer fotos sin más. No es buen plan.

C: Hoy en día, cualquier persona del primer mundo tiene acceso a una cámara de fotos medianamente decente a un precio razonable. Por consiguiente, la técnica se ha democratizado y cualquiera puede decir que es “fotógrafo”. ¿Es esto positivo para la profesión?

B: Si, las cámaras se democratizan, pero el ojo no. Y el talento tampoco. Hay gente que nace con ello, pero también se educa. El problema pasa por todos aquellos que tienen que controlar la calidad del fotoperiodismo actual. Desgraciadamente no se está caminando por buena vereda.

C: Crisis crónica de los medios, desaparición paulatina del fotoperiodista en las redacciones, redactores sacando fotos y escribiendo el artículo…

B: Claro, pero también te digo que a mí todos esos temas me quedan grandes. Ellos podrán estar en crisis, yo no lo estoy. Tengo claro que quiero hacer una cosa. Me busco la vida, hago mi curro y procuro sacar el dinero necesario para hacerlo. Y con mi dinero hago lo que quiero. Nadie me encarga, nadie me paga por adelantado, pero nadie me cambia ni una coma. Hacer de la necesidad virtud. Puede ser una desventaja, o no, según se mire. Lo que hay que ser es perseverante y tal vez es hora de ser también más positivos. No me puedo poner a llorar en una esquina sin ni tan siquiera haber cumplido los treinta. Hay que funcionar.

C: ¿Y que tiene ahora mismo Manu Bravo en mente?

B: Pues de momento de vuelta a Asturias, currar de lo que sea, juntar dinero, ir haciendo cosas pequeñas y luego poder irme seis meses o un año largo en Pakistán. Aunque también me seduce Brasil. Ya veremos.

Y ya se vió.

Un padre llora mientras sostiene a su hijo en brazos cerca del hospital de Alepo (Siria).

Fotografía por la que Manu Brabo se ha llevado el Pulitzer. Alepo (Siria). Octubre de 2012.

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La pantalla: instrumento de villanos

3 Abr

EVA Y.

Como los grandes villanos: así comparece de nuevo Mariano Rajoy. Amparado por la unidireccionalidad de una pantalla de televisor se dirige cuando quiere y como quiere a la masa alienada, que escucha su mensaje con la mirada perdida y un hilillo de baba cayendo de su boca entreabierta… O eso es lo que le gustaría a nuestro presidente.

Tal vez albergue la esperanza de que aún alguien en este país asuma sus discursos sin cuestionárselos, y probablemente así sea -no hay más que echar un vistazo a las encuestas de intención de voto-; pero la verdadera razón de que Rajoy se sienta cada vez más cómodo tras el plasma es la protección blindada que este le ofrece ante las perversiones inquisitorias de la prensa y de la opinión pública. Rajoy se siente tras esa pantalla como un bebé en el vientre materno: no le importa lo que esté ocurriendo en el mundo exterior ni se preocupa de sus movimientos, solo disfruta de su comodidad mientras todos en el exterior quieren notar su presencia y con una simple patadita se convierten en un torbellino de alborozo. 

Claro está que el sentimiento generalizado de la ciudadanía no guarda ninguna similitud con la alegría, sino con la ira, la rabia, la impotencia y la frustración. Y aún así, seguimos pegados a nuestras pantallas para escuchar lo que dice el Presidente a través de su pantalla. Pantallas dentro de las pantallas.

Esta estructura de muñecas rusas a la que también podemos llamar “metapantalla” ya la hemos visto antes. Ocurre cuando vemos una de esas películas o series en las cuales el villano se comunica con sus súbditos, sus víctimas o sus subordinados a través de monitores. La cultura popular da buena cuenta de esta práctica con connotaciones no precisamente positivas.

El Gran Hermano en 1984 (adaptación de la novela de George Orwell)

Hacia el segundo 55 se puede apreciar la omnipresencia catódica del Gran Hermano, el líder del INGSOC, partido único que en esta ficción gobierna Oceanía. Él también se sirve de las pantallas o “telepantallas” para llegar -y vigilar- a la gente en todo momento con fines propagandísticos, sin que la gente tenga oportunidad de llegar a él (ni siquiera se sabe si existe realmente).  Si Orwell levantara la cabeza tendría motivos para vanagloriarse por su buen tino: lo que en su novela de 1949 era una distopía vagamente futurible se ha convertido en España en un presente con visos de proyecto piloto. Aunque el tono del escritor se alejaba bastante del optimismo y la esperanza al imaginar que algo así pudiera darse alguna vez. 

Dr. Gang en Inspector Gadget

inspector_gadget

El hombre que todo lo ve desde el anonimato. No es el mismo caso que el anterior, pero una vez más la comunicación se establece cuando él quiere y casi siempre para emitir mensajes con órdenes a sus voluntariosos lacayos. Sentado en su silla de estudio, la pantalla le confiere el poder que él desea, que no es más que ese: mandar cuando se le antoja y observar sin ser visto. El primero lo comparte con Mariano Rajoy; el segundo, difiere algo más. Se ve que el Dr. Gang no debe de ser muy agraciado y prefiere las artes sibilinas a las nefastas campañas de imagen del Partido Popular.   

El payaso del triciclo en ‘Saw’

Este títere, que comparte su esencia con cualquiera de nuestros políticos, comparece hasta el cansinismo con las mismas intenciones: dar instrucciones y atemorizar al personal. Que si córtale un brazo y ráscate la espalda con él, que si ábrele el estómago y cómete su digestión… Recuerda mucho al gobierno -a este y a los anteriores- cuando nos dice lo de “venga, va, un esfuerzo… mira que si no lo hacéis no salimos de la crisis ¿eh?” y nosotros pensamos: “No te jo… ¿por qué tenemos que reparar nosotros una avería que han provocado ellos?”. Pues el payaso del triciclo lo mismo: primero se dedica a meterte llaves en los riñones y bombas en el hígado y luego te dice que a ver cómo te apañas para sacártelas.

Seguramente hay más, muchísimos más, aunque estos son los primeros ejemplos que se me vienen a la mente. Y si la cosa sigue así con Rajoy todavía habrá una más: ‘Todas las pantallas del presidente’ 

Esta es la segunda vez que comparece vía plasma en dos meses, pero no va a ser la última. Ya está ajustando el calendario a ver bajo qué pretexto unidireccional convoca a la prensa para la próxima. Que si una Junta Directiva, que si un Comité Ejecutivo… Ya veremos. Porque estas reuniones no son más que eso: pretextos.

Pretextos para lanzarnos órdenes a lo Dr. Gang, instrucciones como el payaso del triciclo o propaganda al estilo Gran Hermano. Mariano Rajoy nos ningunea a la par que se dirige a nosotros. Hoy lo ha hecho con mensajes intimidatorios sobre lo denunciable de la práctica del escrache; con propaganda en forma de falsas esperanzas como la salida de la crisis en 2014 -siempre al año siguiente al que nos encontremos- o discursos tranquilizadores que hablan de la corrupción como algo aislado en España; con instrucciones sobre cómo “remar todos juntos” para salir de este agujero.   

Desde el poco poder que me confiere este blog invoco una huelga de periodistas. No les demos el placer de que sus mensajes nos lleguen, por mucho que vengan acompañados de duras críticas por parte del redactor. Es lo que quieren, que se hable. No dejan que el pueblo se acerque a ellos –y esto viene de lejos– pero ¿cómo hubieran ganado -cómo alguien hubiera ganado- de no ser por la “propaganda” y el uso que hacen de los medios para llegar a todos los hogares? La prensa ha de ser consciente de su poder, y debe hacer uso de él más ahora que la situación es crítica para la profesión.  A ser posible, antes de que todos nosotros seamos sustituidos por pantallas.

De Ikea a Chechu en tres sencillos pasos

13 Mar

EVA Y.

Desde el martes, día en que saltó la noticia de la supuesta contaminación fecal en los pasteles de chocolate de Ikea, hay una imagen que no he conseguido sacarme de la cabeza. Muchos recordaréis la película ‘Matilda’, una joya que hizo mella en la generación de finales de los 80 que aportaba una visión positiva sobre la soledad y la incomprensión de una niña de corta edad y que alentaba a un frikismo infantil al que algunos aún nos aferramos. Pues bien, quienes recuerden la cinta probablemente también tengan grabada a fuego la escena en la que el hermano de Matilda se enfrenta a ingerir la totalidad del enorme pastel de chocolate bajo los férreos mandatos de la profesora Trunchbull, aquel histriónico personaje alimentado a base de anabolizantes.

Mucho he recordado esa escena estos días. Había una frase en el guion de esa maestra pseudo-nazi en la que se describía el pastel que posteriormente se iba a meter Bruce entre pecho y espalda. “Este pastel está hecho con mi SANGRE, SUDOR y LÁGRIMAS”. Yo por aquel entonces no entendía de sentidos figurados ni de frases hechas, solo de interpretaciones literales. Así que el sufrimiento de Bruce lo relacionaba más con lo nauseabundo de los ingredientes que con su capacidad estomacal. De mayor he sabido que algunos de los alimentos que más me pirran están hechos con sangre, y aunque la idea no me fascina, la tolero. No así con los productos hechos con mierda. Es cuestión de modas; todo se andará.

Ikea ha conseguido, una vez más, darle la razón a aquella persona que dijo que la realidad supera a la ficción (y mira que me fastidia tirar de tópico… pero si es certero, habrá que usarlo); y ha conseguido también que me lanzara a Google a buscar qué fue de la pequeñuela que encarnaba a Matilda, tan simpática ella. Y ahora es cuando empieza la también tópica y manida idea de tirar de lista para saber qué fue de aquellos tiernos niños que dieron vida a algunos de nuestros referentes -o no- en algún momento que ya forma parte del pasado.

MARA WILSON (Matilda en ‘Matilda’)

Este es uno de esos extraños casos en los que no se sabe si el personaje deglutió a la persona o viceversa; una adaptación de la pregunta “¿Qué fue primero: el huevo o la gallina?” adaptada al celuloide. Esta misma duda surge con Sylvester Stallone y Rocky o Jack Nicholson en cualquiera de sus papeles de loco (tiene tantos que es difícil distinguir al ciudadano de sus personajes).

Matilda Mara Wilson pequeña

El caso es que la joven Mara, tras actuar en media docena de películas entre las que se cuentan la ya mencionada ‘Matilda’ y ‘La señora Doubtfire’, se retiró dignamente de la gran pantalla a los 13 años -todo lo contrario a lo que hicieron Macaulay Culkin o las gemelas Olsen-. Acabó el instituto, fue a la Universidad de Nueva York y ahora, a los 25 años, se dedica al teatro y a la dramaturgia. Ante la interrogativa de sus fans por saber si volvería al mundo del cine, ha sido tajante. Según sus propias palabras, considera que es un trabajo fácil, que deja poco margen a la creatividad, que tiene aspectos deshumanizantes y al que ya no tiene intención de volver. Argumentos que parecen envueltos en pedantería pero que, desde una óptica interna, tal vez sean más sólidos que gaseosos.

Matilda mayor Mara Wilson

BARRET OLIVER (Bastián en ‘La historia interminable’)

Su debut en el año 82 en un episodio de ‘El coche fantástico’ marcó el rumbo de su carrera cinematográfica; porque fantasía era, precisamente, lo que cultivaban los trabajos que le llevaron a la cima de la fama infantil. A los 11 años protagonizó ‘La historia interminable’ con el papel de Bastián.

qué fue de barret oliver bastián historia interminableEse mismo año actuó en ‘Frankenweenie’, el corto de Tim Burton llevado al cine en 2012 en metraje largo y animación. Sus interpretaciones en ‘Cocoon’ y su secuela fueron la culminación de su trayectoria actoral. Hoy por hoy, a sus casi 40 años, ha pasado a la cara oculta de las artes. Ahora es fotógrafo y profesor de fotografía, y hasta ha publicado un libro -‘A History of the Woodburytype’- sobre este tema en el año 2007. Imaginamos que mal no le va por el precio al que vende cada nuevo ejemplar: 230 dólares en el mercado de Amazon. Casi nada.

GIORGIO CANTARINI (Giosué Orefice en ‘La vida es bella’)

giorgio cantarini que fue del niño de La vida es Bella

Ese niño que nos deshizo el corazón entre risas y lágrimas en ‘La vida es bella’, con su voz dulce, su cara risueña y su gorrilla de deshollinador, podría ser hoy el hermano pequeño de Adrien Brody. La buena noticia sería que podría seguir participando en películas bélicas de éxito; la mala, es que no lo hace. Desde que debutó desencajando mandíbulas en los espectadores y escogió el buen camino de Ridley Scott en ‘Gladiator’, Gio solo ha actuado en cuatro cintas ‘menores’.
Lo mismo da. Con solo 8 años ya había participado en dos películas que cosecharon 8 Oscars entre ambas. Así que ahora, a sus 21 años, perfectamente podría vanagloriarse de haber gritado en la realidad aquella frase, “¡HEMOS GANADO!”, que le inmortalizó en la gran pantalla hace ya 16 primaveras.

DAVID DORFMAN (Aidan Keller en ‘The Ring’)

Su palidez y su capacidad para entornar esos ojillos hundidos hacían creer que lo que este chaval quería en realidad era el papel de malo en ‘The Ring’, y lejos no le anduvo. Está claro que lo de Dorfman es el terror: repitió en la segunda parte de ‘The Ring’, tuvo su papel en ‘La matanza de Texas’ y en un capítulo de ‘Entre fantasmas’. En 2010 participó en la serie ‘Zombie Roadkill’, otra del género. Hubo una época en la que Spielberg y Shyamalan nos impusieron a Haley Joel Osment como el único actor infantil sobre la faz de la tierra. Tal vez por eso la interpretación de Dorfman no tuvo tanto eco en el cine de terror. Pero, francamente, entre el rostro de posesión infernal de David y la cara de sugus de piña de Haley Joel Osment, el niño monopolista de ‘El sexto sentido’, me quedo con el primero. Aunque David Dorfman parece que ha preferido encasillarse en el terror, lo del rol de pringadillo tampoco se le da mal, algo en lo que ya demostró dar el pego en la comedia ‘Drillbit Taylor‘ de 2008. Se dice, se comenta, que lo aprendió de Gabino Diego. 

que fue de David Dorfman

DANNY LLOYD (Danny Torrance en ‘El resplandor’)

Otro que tal. Entrada triunfal y salida por la puerta de servicio. No se encuentran explicaciones en la red sobre por qué Danny Lloyd (o sus padres) decidió apartarse del mundo actoral a los 8 años. Pero tampoco hacen falta.

danny lloyd antes y después

Tras ser elegido como segundo plato -eso sí, entre unos 5.000 aspirantes- para el papel de Danny Torrance y actuar en un telefilm, su estela cinematográfica desaparece. El primer candidato en el que Stanley Kubrick había pensado era Cary Guffey, el niño de ‘Encuentros en la tercera fase’, que también se retiró de los platós de rodaje a los 13 años y que hoy se ha convertido en enemigo del pueblo trabajando para Merrill Lynch. La razón de que Guffey finalmente no hiciera la película fue que los padres no le dejaron porque les parecía muy oscura para un niño de su edad; y no es de extrañar. Pero el tito Stanley era, al parecer, un hombre comprometido con la protección de los niños -a Malcolm McDowell probablemente le diera la risa- y consiguió que durante el rodaje, Danny Lloyd pensara que estaba rodando un drama y no una cinta de terror (quién lo diría viendo esta escena y la cara del muchacho).

Desde 2007, Lloyd es un profesor muy celoso de su intimidad. Tal vez por eso no quede claro en ningún lado qué ocurrió entre el año 82, cuando dejó el cine, y su llegada a las aulas. Mola más imaginarse una historia a lo Stephen King para explicar esos años de vacío.

AARÓN GUERRERO (Chechu en ‘Médico de familia’)

que fue de chechu

Debo confesar que mi experiencia con Chechu se trata más de una atracción cómica por la mezcla de su sobrenombre y sus rasgos, que de un profundo seguimiento televisivo. Una decena de capítulos de ‘Ana y los 7’ cuando aún era un bebé ante el consumismo me bastaron para saber que no era ese el tipo de contenidos que quería consumir, y lo cierto es que ‘Médico de familia’ nunca despertó en mí el hambre de interés. Tampoco me provoca especial curiosidad la actual vida de Chechu, pero es por darle un toque cercano a la lista de invitados. Chechu es otro de los que pocas responsabilidades han vuelto a tener antes las cámaras desde que expiró su época dorada como niño/teenager travieso y entrañable. Tal vez por decisión propia o por ausencia de decisión ajena, solo ha hecho algún cameo, ha aparecido en algún programa de estos de tarde. No sabemos si se dedicará al teatro, pero sí que tiene un restaurante en Madrid con el que intenta prolongar sus días de vino y rosas. El sitio se llama ‘Alta costura’ -lo menciono por si no queréis ir y caéis allí por error-, un nombre más que pretencioso para alguien que se mueve a caballo entre la fama y el olvido. ¿Qué explicación tendría si no el siguiente vídeo? Mirad, mirad…

Una de indios

20 Feb

CARLOS MIER

Mi madre siempre me dice que perdí la vista sentado delante de una televisión. A juzgar por el resultado, creo que sus esfuerzos no lograron alejarme del tubo catódico. Testigos presenciales aseguran que desde que tuve los dedos suficientemente grandes para cambiar de canal parecía decidido a limpiar el polvo de la pantalla con las pestañas.

Así que, aparte de amante de los colores y de las cosquillas en los mofletes, también debía ser yo un poco reacio a aceptar consejos. Poco tardaría el oculista en dictar sentencia y condenarme a llevar aquellas gafotas hipster que hoy en día lo petarían pero que por aquel entonces limitaban bastante mi papel en el patio del colegio. A partir de ese momento, mis ojos quedaron a merced de la lluvia y de los cambios bruscos de temperatura, constante y terriblemente amenazados por los más que probables balonazos faciales. Eso siempre y cuando consiguiera tener controlado y contento a algún que otro individuo más grande que yo, con la vista en perfecto estado y el humor cambiante.

A todos estos obstáculos hay que unir que soy asturiano de interior y de valle, así que a falta de deporte o canicas los inviernos, a mí me dio por los westerns. Sí, las de vaqueros. Era tiempo de UHF, dicen, y los domingos por la tarde seguía pegando el careto a la caja tonta para ver cómo Toro Sentado o Caballo Loco sufrían las ofensivas patrias de algún sucedáneo de John Wayne vestido de general Custer. En aquel momento, a diferencia del genocida reconvertido en héroe, yo supe que moriría con las gafas puestas.

Y fue en las praderas interminables y en los montes repelados de mi preadolescencia donde Cochise, gran jefe apache de pipa altiva y penacho falso (más tarde me enteré de que las tribus apaches jamás llevaron plumas en la cabeza), “conjugaba” infinitivos rebosantes de sabiduría milenaria. Y es por eso que me ha resultado imposible que uno de aquellos proverbios indígenas no se me viniera a la cabeza en estos días plagados de discursos bajo sospecha:

“Siempre es mejor tener rayos en las manos que truenos en la boca”.

Todo aquel que me conoce sabe que tampoco es que yo predique con ese ejemplo, y quizás precisamente porque tiendo a la palabrería barata no me cuesta reconocer a un indio charlatán y bravucón de otro con el arco cargado y preparado para la guerra. No en vano, soy de una tierra donde los coches caros también están aparcados delante de las centrales sindicales y donde los truenos en la boca a muchos ya nos hacen echar rayos por las orejas.

Sé que no descubro nada diciendo que estamos en la era del clic, del juicio superficial y de las modas que se mueven más rápido que el caballo de Lee Van Cleef. No es nada trending criticar lo trending. Pero también sé que, metidos de lleno en la espiral de lo actual, nos dirigimos a las reservas indias del olvido con la cabeza gacha y sin oponer resistencia, como un Gerónimo viejo y alcohólico cansado ya de presentar batalla y pensando en abrir algún casino que le saque del tedio. En Alcorcón, por ejemplo.

Por lo tanto, como indio irredento que pretendo ser, lo que realmente me apetece hoy no es criticar las diarreas verbales de la Verdú, de Eva Hache, o del sempiterno Bardem. Ni siquiera el “a mí nadie me jode la fiesta” de Candela Peña. No. Una vez o dos al año esta gente hace eso por lo que se le paga también dentro de un auditorio y en prime time. Penachos falsos o ya directamente plumeros a la vista de todo el mundo. Tampoco tengo el cuerpo para decir nada de Beatriz Talegón, esa réplica china de la pasionaria, versión Juventudes Socialistas, que bastante mierda tiene ya encima con sus discursos vacíos y sus intervenciones lastimeras en los platós de televisión. A veces jugar a la revolución tiene sus riesgos. Afortunadamente la Pajín hizo algo bien y sentó un precedente. Gracias Leyre.

No le daré más vueltas a tanta declaración y tanta contradenuncia porque creo que, en general, le estamos concediendo demasiada importancia al hecho de que haya Sioux borrachos de ego proclamando a los cuatro vientos y al Dios de la Lluvia que ellos solitos acabarán con todos los hombres blancos y con todos los mejicanos de Texas. Afortunadamente parece que ya no nos tragamos las necedades de esos comanches que se pintan la cara para con una mano amagar golpes de hacha y con la otra ofrecer la pipa de la paz al séptimo de caballería. Y luego cobrar por calada.

Sin duda los personajillos anteriores no pertenecen a la misma nación apache que los conquistadores españoles y los norteamericanos anglosajones se empeñaron en bautizar y dividir con denominaciones de los más variado: Jicarilla, Mescalero, Chiricahua, Kiowa… sobre todo teniendo en cuenta que ellos, los propios apaches, se autodenominaban sencillamente Ndee, o lo que es lo mismo, la gente.

Y esa gente no es otra que la que habla con los actos, la que se agarra a las crines del caballo y sale a la llanura yerma todos los días. Durante años. La que organiza escaramuzas, la que ataca los fuertes, la que jamás pacta con los que van de azul. La misma que contiene las lágrimas en sus contados discursos porque dentro de sí misma sabe que la guerra está perdida desde el principio, pero también que nunca firmará una rendición, ni siquiera honrosa.   

La semana pasada, una de esas tribus consiguió abrir una pequeña ventana en los altos muros del Congreso. La maquinaria mediática ha comenzado a funcionar y su matriarca está adquiriendo notoriedad y apareciendo en muchos espacios televisivos. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y Ada Colau no son flor de un día, ni una banda de Sioux borrachos. Incluso dejando a un lado su fuerza argumental, la potencia de su discurso y la concreción de los objetivos, aunque solo nos fijáramos en su cara visible, en su garganta quebrada, su peinado, su ropa, su manera de moverse, e incluso en su mirada, no habría ninguna duda de que tratamos con Ndee. Y esa Gran Jefa habla porque todos le han pedido que lo haga, o al menos se lo han pedido los suficientes. Todos pisamos suelo hipotecado. Eso nos trata de decir.

Si ella sobrevive, muchas otras Adas se atreverán a cabalgar. Entonces ya no habrá espacio para los truenos en la boca y solo quedarán rayos por empuñar. Y quizás al fin entendamos que, como dice Dixebra, y esto fue algo que aprendí en Asturies y no en Arizona, entre hermanos de mugor, nun hay res de diferencia, pal capital somos toos indios de la mesma tierra. 

Bienvenida, Miss La Mancha

19 Feb

EVA Y.

¿Cómo escapar al tema de la semana? Los Goya y su resaca. La puesta de largo del cine español; el glamuroso escaparate de la producción fílmica del año. No me escapo, no. Y, para seguir la tendencia informativa, tampoco voy a hablar de cine. No os asustéis, no significa eso que vaya a seguir trillando el tema de los discursos reivindicativos, la confusión en la entrega del Goya a la Mejor Canción y muchísimo menos el rollo de los modelitos.

Lo que más me llamó la atención de la gala no fue nada de eso. Lo que más me llamó la atención fue la reacción del equipo cubano de ‘Juan de los Muertos’ cuando sonaron sus nombres para recoger el premio a la Mejor Película Iberoamericana. A todo el que siguiera la ceremonia le haría gracia el personajillo enjuto y gesticulante de camisa roja y pelambre disparado. Ese que casi necesita una bombona de oxígeno para decir que “en Cuba no hay de nada pero se hace de todo”. Una gran sentencia que quedó diluida entre ademanes desbocados.

Nos cuesta comprender ese exceso de emoción cuando muchos de nosotros vemos la gala como algo rancio y amañado, maquillado con esnobismo de ‘Todo a 100’. En resumen, que la seguimos con afán de crítica tuitera, con actitud de marujas multimedia.

Pero al caso: en ese momento y siguiendo los tratados de Hume, mi mente puso en marcha la asociación de ideas. Al apreciar el entusiasmo del muchacho cubano recordé  esa máxima, casi proverbial, que nunca nadie dijo pero todo el mundo escuchó sobre el prestigio del máster que cursé el pasado año: “Este título está muy valorado en Latinoamérica”, decían las voces sin dueño. Y, ahora, a toro pasado, pienso: “Pssss…”.

Nosotros, desde dentro, y viendo como está el panorama no asimilamos que en otros países valoren lo que aquí hacemos. Es más, cuando sabemos que algo nuestro es objeto de veneración pensamos: “Pssss…” . Pero para entender la admiración que en Latinoamérica parecen sentir por España tenemos que situarnos en perspectiva. ¿Es que acaso no recordamos el famoso “Peeeedrooooo” de Penélope Cruz en los Oscar de 1999? Tímpanos perforados y vidrieras rotas fueron las consecuencias de aquel berrido más propio de un ‘heavy’ que de una señorita de Alcobendas… pero es lo que tiene estar sometida al influjo de 50 estrellas blancas. Reconozcámoslo: aunque de boquilla EEUU sea el blanco de nuestro odio también es -muchas veces inconscientemente- nuestro referente de máxima aspiración. ¡Nosotras mismas dedicamos un podcast a nuestro primer visitante yankee e ignoramos a chinos, venezolanos, rusos y demás comunistas!

Volviendo al tema de los Goya, la gala comenzó con un ‘remake’ de ‘Bienvenido, Mr Marshall’. Esa cinta que nos recuerda el catetismo patrio del que todos hemos pecado alguna vez y que nos hace empatizar con  la fascinación del joven colibrí cubano por un premio de nuestro país.

Aunque los gobiernos de Sudamérica se empeñen en quitar complejos a golpe de expropiación -y esto no es un reproche-, tal vez algún día el Luis Berlanga de las Américas se sirva de la sutil magia del cine para poner a los suyos frente a un espejo. Ese Luis (José Wilfredo) Berlanga cogerá prestada alguna figura de relumbrón de la metrópoli española -pongamos, por ejemplo, a María Dolores de Cospedal- y retratará con humor e ironía la admiración de sus  paisanos ante ese ídolo venido de Castilla.

Y esa película se llamará ‘Bienvenida, Miss La Mancha’.

¿Spoiler o fake gubernamental?

16 Feb

EVA Y.

Desde que comenzó la crisis económica y, sobre todo, desde que esta se convirtió en una mujer hecha y derecha, a todos nos vienen interesando más la política, la economía y el derecho. Seguimos los telediarios, los boletines radiofónicos, la prensa digital y escrita y las redes sociales casi a diario, ávidos de conocer novedades sobre casos de corrupción política o de informarnos sobre acciones de protesta ciudadana.

Quien diga que ‘Cuéntame’ es la serie de más éxito en el momento, miente. Hoy por hoy, la serie con más adeptos en España es la que protagoniza Mariano Rajoy. Creada por la productora El espíritu de la Transición y firmada por los guionistas de ‘Los hilillos del Prestige’, ‘Todo es falso, salvo alguna cosa’ llega a su segunda temporada batiendo récords de audiencias (también en los juzgados) y ofreciendo unas dosis de emoción que bien podrían preceder a un desenlace inminente.

mariano rajoy televisión

Sabemos que El espíritu de la Transición ya ha acabado de grabar todos los capítulos de esta temporada. Y, como siempre, están los típicos listillos que por ‘H’ o por ‘B’ (me aventuraría a decir que en este caso es por ‘B’) ya saben lo que pasa en los próximos capítulos. Estos listillos querrán hacer alarde de su situación privilegiada y tratarán de darte pistas o contarte lo que sucede en las siguientes entregas. O sea, querrán hacer spoiler. Sin embargo, muchas veces lo que se filtra sobre una serie es falso, lo que por Buitrago de Lozoya conocen como un fake.

Pues bien, todo esto para plantearos un caso: no sé si he sido víctima de un spoiler o un fake sobre ‘Todo es falso, salvo alguna cosa’ y quiero conocer vuestra opinión. La semana pasada, yendo en autobús hacia mi casa, se sentó detrás de mí un hombre sobre el que no tengo más referencias que su gusto por las conversaciones telefónicas. Yo no pude más que permanecer y escuchar, y como sus historietas despertaron mi interés  -pese a que podrían fastidiar el seguimiento de mi serie favorita- tiré de bolígrafo y papel y anoté algunas frases.

SPOILER (o fake)

El listillo (al que a partir de ahora llamaremos Pepe) desvelaba cuestiones de guion pero también de backstage. La cosa anda revuelta tras las cámaras. Según Pepe, Ana Mato -una de las actrices que más atención está acaparando últimamente- quería tirar la toalla y dejar la serie tras el giro de su personaje. El equipo de ‘Todo es falso, salvo alguna cosa’ se lo habría impedido por no dar muestras de debilidad en uno de los momentos más importantes para la serie. Otro compañero de reparto, Cristóbal Montoro, abandonará la serie en breves. Las razones serían su mala relación con Luis de Guindos, su poca empatía con los espectadores al subir todos los impuestos y, sobre todo, la amnistía fiscal por él ideada y a la que podría haberse acogido Luis Bárcenas, ya fuera del plantel actoral.

Montoro y de Guindos

Imagen de Elmundo.es

Como contaba Pepe a su interlocutor todo esto ocurriría en una o dos semanas, tras el capítulo especial ‘El debate sobre el Estado de la Nación’ -que como sabéis este año será doble y dedicará un episodio al Consejo Europeo-. La productora El espíritu de la Transición usaría ese capítulo para sustituir a algunos actores impopulares por otros nuevos.

Volvamos a cuestiones de guion con el tema de las auditorías del PP, esas que tanta expectación crearon en un principio y de las que nada hemos vuelto a saber. Resulta que, según Pepe, estaba previsto que el capítulo dedicado a las cuentas del partido -cuyos resultados ya se conocerían- tendría que haberse emitido hace días pero el equipo de ‘Todo es falso, salvo alguna cosa’ lo retrasó por alguna misteriosa razón. 

La última revelación de Pepe a su oyente (y a medio autobús) fue sobre la trama de los sobresueldos que Bárcenas concedía presuntamente a dirigentes del Gobierno. Parece que no ocurrirá gran cosa. Pepe comentaba que al tratarse de un delito fiscal menor de pronta prescripción y, sumando esto a la lentitud de la Justicia, todo rastro de culpabilidad desaparecería sin más ni más. Vamos, que de ser cierto esto sentaría como un tiro a los fans de la serie, peor incluso que el final de ‘Lost’.

Si habéis llegado hasta aquí, cosa que os honraría por vuestra capacidad de consecución, os pido que votéis en la siguiente encuesta.

Y sí… Ahora soy una de esas listillas que quiere hacer alarde de su situación privilegiada.