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Opening la Botella

19 Mar

ana botella despacho

ENRIQUE LLAMAS

La olímpica ciudad dormía la siesta. Hasta la peineta llegaban ya los bostezos aburridos de quien se ha acostumbrado al nunca acabar. El viento azul, lento y adormilado, limpia el suelo de los panfletos que llaman a los ciudadanos a trabajar de forma voluntaria y a vivir de la inolvidable experiencia de cumplir los sueños de otros. En el perezoso momento en el que uno coordina su cuerpo para dar la vuelta en el sofá sin destaparse, quitándose la legaña del lacrimal, una voz saca de la ineptitud del sueño a los habitantes de la villa. Una voz que ha desayunado las delicias de Viena Capellanes y que, desde su figurada instancia en la que siempre ha sido la capital del vals, ha cambiado su cadencia y su ritmo. Como el tic-tac monocorde del reloj no va ahora esa voz más lenta, ni más rápida, va simplemente distinta, y eso sus electores lo notan hasta el punto que les hace abrir un ojo sin temor a que la legaña quede desprendida de forma brusca.
Y allí está, de nuevo en sus pantallas, igual pero distinta. Aristocrática pero cardada. Viste de blanco y las perlas que la acompañan desde su niñez siguen allí todavía. Pero algo ha cambiado aunque la voz sea la misma. El elector no se da cuenta de qué puede ser, pero al otro lado del plasma el equipo asesor lo sabe y suda sangre, debido también a la cercanía del jueves santo.
Y es que al otro lado todo el mundo suda, todos menos ella, que sostiene los papeles como le fue enseñado en el colegio de las Madres Irlandesas, que como podemos imaginar ni eran madres, ni mucho menos irlandesas. En ese preciso instante abre la boquita de piñón, con los labios estreñidos en británica mueca. Sus asesores yerguen el cuello esperando un sopapo más, los asesores ajenos se congratulan de haber avisado a sus asesorados de lo que iba a pasar. Está a punto de ocurrir, le ocurrió a su marido, al siguiente presidente del Gobierno, al actual. Ella será una más y está a punto de pasar al club. Abre la boca y comienza su entrada en el particular Olimpo.
Horas más tarde, el espectador que despertó de la siesta buscará en Internet el vídeo que pudo observar en directo. Comprobará que lo que vio es cierto, que su edil ya es una más, que no ha defraudado. Y ya de paso mira cómo va eso de los juegos olímpicos, que esta vez no se ha interesado porque la costumbre acaba por oxidar las mejores ilusiones. Y aquí está el peculiar triunfo de su alcaldesa, que ha conseguido hablando en inglés lo que no ha conseguido en cristiano: que la gente se interese por la carrera olímpica de Madrid. Eso sí, nos queda clara una cosa, para siempre, en nuestra mentalidad de electorado de clase media: que, efectivamente, su tailor es rich. Y madrileño.


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A la sombra de los Guindos

6 Feb
antonio de guindos

¿Eh? ¿A quién recuerda ese hombre de redonda cabeza y traje aceituna?

EVA Y.

Era viernes, 3 de noviembre de 2012. Habían transcurrido tres días desde la tragedia del Madrid Arena y Ana Botella había anunciado que esa tarde comparecería junto a la artillería pesada de su Ayuntamiento, señores a los que, hasta ese momento, habíamos visto de soslayo en el tercer plano de alguna fotografía moribunda.

En nuestro salón lo habíamos dispuesto todo para no perder detalle alguno de la rueda de prensa e incluso habíamos comprado palomitas. Ella, Botella, cómo no, tomó la palabra y tras el irrevocable anuncio de una batería de medidas que nunca llegó a estar cargada pasó el testigo a sus apóstoles.

Boquiabiertos nos quedamos cuando, debajo de uno de ellos de redonda cabeza y traje color aceituna, apareció un rótulo del Canal 24 Horas que rezaba:

“Antonio de Guindos: Delegado de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid.”

No podía tratarse de una coincidencia. Dos bolas de billar con el mismo número de serie dentro del mismo triángulo: sin duda, pertenecían al mismo lote de fabricación.

Antoñito

Antonio de Guindos

Luis de Guindos

Ellos son Antonio y Luis de Guindos, hijos de la misma madre, servidores del mismo partido y dueños del mismo patrón craneal. Pero como ocurre hasta en las mejores familias, siempre hay un hermano que brilla más que el otro (y no me refiero al destello de sus calvas, no). Sabido es que en este caso salió perdiendo el mayor, Antoñito.

Nació en 1949, once años antes que su ministerial hermano. Se licenció en Ciencias Económicas y Comerciales por la UCM. Tal vez su paso por esta universidad pública determinó su dedicación al Estado durante su carrera profesional. Pero caso extraño el de Antonio. Del vistoso escaparate de Jefaturas Nacionales y Subdirecciones Generales se mudó a la trastienda de la política regional de Madrid y, de ahí, al almacén de stocks de la política local.

Durante la época de Ana Botella como concejala de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, Antonio de Guindos fue su mano derecha, o lo que es lo mismo, la persona que podía desde cepillarle el pelo o servirle un café hasta escribirle un informe sobre emisiones de dióxido de carbono.

Ya sabemos el rechazo que nos provoca el servilismo a las mujeres… y Ana Botella no es la excepción. Al ocupar su sillón de alcaldesa se olvidó de De Guindos, quien recogió del suelo los restos de la Concejalía con un peso más sobre su espalda: la cartera de Seguridad, el lastre que le ha costado su dimisión. A la espera de un puesto mejor que nunca llegó, el silencioso tránsito de Antonio de Guindos por la política se ha detenido por su imputación en el caso Madrid Arena. Él, que ha dedicado su vida al servicio público desde las sombras, sin pedir a cambio fama, sin exigir reconocimientos.

Mientras tanto, Luis de Guindos, Ministro de Economía, habla en inglés para reputados periódicos extranjeros. Él, como buen hermano pequeño, bien por envidia, bien por admiración o, quién sabe, tal vez por vocación, siguió los primeros pasos de su hermano y se licenció también en Ciencias Económicas. Pero pronto tomó su propio camino, cuando percibió que el rastro de éxito y fama del mayor de los De Guindos se había diluido.

Hoy por hoy Luisín ha conquistado importantes logros: el de ser el Ministro de Economía menos creíble de la UE, según el Financial Times o el de ser puntuado por los ciudadanos con un 2,92, como refleja la última valoración del CIS.

Mas ahí está, con su cargo de superioridad intocable, con su cabeza bien alta y bien redonda, con su orgullo y su carisma, con una confianza en sí mismo que es incapaz de trasladar al resto del mundo. Y su hermano, Antonio, se aleja del Olimpo madrileño como la sombra que siempre fue.

La sombra de su hermano…

La sombra de su alcaldesa…

La sombra de su redonda cabeza.