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Hablar en tiempos revueltos: María Dolores de Cospedal

18 Mar

EVA Y.

No es que la oposición nos pague por cada vez que ridiculizamos a María Dolores de Cospedal ni que estemos suscritas a la newsletter de Cospedal Quotes, no; es que la mujer lo sirve en bandeja. Ella, que gusta de llevar perlas en las orejas, no es consciente de que las que en realidad llaman la atención sobre su persona son las que suelta por esa boquita. Su experiencia es larga y, con el tiempo, ha ido sustituyendo la inseguridad por soberbia, un ornamento esencial apreciable en cada una de sus necias frases.

La última ha sido la de “ya no se habla de la intervención de España”. Cospedal se jacta, todavía no comprendo muy bien por qué, de que un año después de los rumores de rescate a España se habla de Chipre y no de nuestra monarquía bananera. Y no comprendo su jactancia por dos razones: la primera, por la falta de respeto que suponen sus palabras hacia los chipriotas, tratándoles de perdedores para dejar al gobierno del PP en buen lugar, fuera de los gobiernos de Segunda B cuyos Estados han tenido que ser ayudados por las caritativas instituciones europeas e internacionales; la segunda, porque no se hablará del rescate a España, pero sí de cosas que cabrean a los ciudadanos más directamente, que hurgan y coquetean con nuestros sentimientos más primarios como el odio, la ira y la rabia. Se habla de corrupción. De corrupción conocida, consentida y participada por el partido en el gobierno, por los de la oposición, por los poderes públicos en general. ¿Qué carajo nos importa que no se hable de la intervención de España? Si algún día, en alguna de sus forzadas comparecencias, Cospedal o cualquiera de los suyos quieren colgarse una medalla bien merecida, deben hablar de corrupción. Sin tapujos. No seré yo quien me atreva a quitarles el mérito.

La oratoria de Cospedal, como la de la mayoría de sus compañeros de profesión, se cimienta en refranes populares y dichos castellanos. Así, es frecuente escucharle decir “que cada palo aguante su vela”una frase que cobró protagonismo al brotar el caso Bárcenas de las cajas fuertes suizas y los arcanos despachos de Génova hacia la opinión pública. En este tiempo también fue famoso su “quien la hace, la paga”.

Premonitorias palabras de algo que podría ocurrirle a su propio partido en caso de que la demanda de Bárcenas prospere. Hablando de todo un poco, y de sus poco acertados comentarios ante los medios de comunicación… ¿recordáis aquellas declaraciones en las que Cospedal defendía la inocencia del ex tesorero del PP?
http://www.abc.es/videos-nacional/20090409/cospedal-defiende-inocendia-barcenas-458528279001.html   (Por cierto, resulta muy curioso cómo está escrita la descripción del vídeo, pero mejor no ponerse conspiranoica con el ABC; achacaremos semejantes ‘despistes’ al becario panoli).

Hay otra característica de la retórica de la Secretaria General del PP: ni le pesa ni le da vergüenza tomar prestados los lemas ni las consignas de otros partidos y movimientos. Así pudimos escuchar a María Dolores de Cospedal hablar de su indignación y la de todos sus compañeros por los chanchullos fraudulentos de ‘Luis el cabrón’, haciendo suya por unos instantes la palabra con la que Stéphane Hessel dio nombre al despertar de las conciencias libres, críticas y sediciosas en nuestro país. 

Esta apropiación indebida no fue la primera en el expediente de Cospedal. Años atrás había puesto en práctica un arduo experimento de comunicación institucional al asegurar que “el PP es el partido de los trabajadores”creando una profunda crisis de identidad en los socialistas, obreros y españoles. Pero razón no le faltaba a la Cospe. Solo hay que recordar los 115 contratos que hizo José Luis Baltar, ex Presidente de la Diputación de Ourense, entre sus amigos, familiares y conocidos… y raro sería que alguno fuera del PSOE o BNG. Si extrapolamos esto a todas las administraciones, instituciones y empresas en manos del PP… ¡VOILÀ! Es indiscutible: el PP es el partido de los trabajadores.

Esta tendencia provocativa a la hora de hablar en público le viene a María Dolores de lejos. Ya en el año 2006, siendo Presidenta del Partido Popular en Castilla-La Mancha y no más que una aspirante a la presidencia autonómica frente al poderío del socialista José María Barreda, se marcó un ‘interesante’ speech sobre el perfil de sus votantes y el de los del PSOE. Según ella, sus adeptos se concentraban en las ciudades, mientras los del PSOE dominaban en ámbito rural. Su explicación ante tal fenómeno fue la siguiente:

 “Donde hay más cultura, donde la gente tiene más posibilidades de relacionarse con otro tipo de personas, no siempre con las personas de la tierra, y donde se pueden leer otros medios de comunicación que no sean públicos, que en Castilla-La Mancha están absolutamente dominados por el Gobierno de Barreda, tienen más posibilidades de decidir y de elegir y pasa en los centros urbanos. Cuando hablamos del medio rural, las posibilidades son más escasas. Tengo el firme propósito de ganar las elecciones y de devolver la libertada a los medios de comunicación de Castilla-La Mancha”.

Pues sí, toda una carrera de éxitos en la elocuencia, de reconocimientos en la verbosidad, que tuvo su momento más álgido con las simulaciones de salario y los despidos en diferido, tema que ya diseccionó Katy L. en anteriores capítulos.

Bienvenida, Miss La Mancha

19 Feb

EVA Y.

¿Cómo escapar al tema de la semana? Los Goya y su resaca. La puesta de largo del cine español; el glamuroso escaparate de la producción fílmica del año. No me escapo, no. Y, para seguir la tendencia informativa, tampoco voy a hablar de cine. No os asustéis, no significa eso que vaya a seguir trillando el tema de los discursos reivindicativos, la confusión en la entrega del Goya a la Mejor Canción y muchísimo menos el rollo de los modelitos.

Lo que más me llamó la atención de la gala no fue nada de eso. Lo que más me llamó la atención fue la reacción del equipo cubano de ‘Juan de los Muertos’ cuando sonaron sus nombres para recoger el premio a la Mejor Película Iberoamericana. A todo el que siguiera la ceremonia le haría gracia el personajillo enjuto y gesticulante de camisa roja y pelambre disparado. Ese que casi necesita una bombona de oxígeno para decir que “en Cuba no hay de nada pero se hace de todo”. Una gran sentencia que quedó diluida entre ademanes desbocados.

Nos cuesta comprender ese exceso de emoción cuando muchos de nosotros vemos la gala como algo rancio y amañado, maquillado con esnobismo de ‘Todo a 100’. En resumen, que la seguimos con afán de crítica tuitera, con actitud de marujas multimedia.

Pero al caso: en ese momento y siguiendo los tratados de Hume, mi mente puso en marcha la asociación de ideas. Al apreciar el entusiasmo del muchacho cubano recordé  esa máxima, casi proverbial, que nunca nadie dijo pero todo el mundo escuchó sobre el prestigio del máster que cursé el pasado año: “Este título está muy valorado en Latinoamérica”, decían las voces sin dueño. Y, ahora, a toro pasado, pienso: “Pssss…”.

Nosotros, desde dentro, y viendo como está el panorama no asimilamos que en otros países valoren lo que aquí hacemos. Es más, cuando sabemos que algo nuestro es objeto de veneración pensamos: “Pssss…” . Pero para entender la admiración que en Latinoamérica parecen sentir por España tenemos que situarnos en perspectiva. ¿Es que acaso no recordamos el famoso “Peeeedrooooo” de Penélope Cruz en los Oscar de 1999? Tímpanos perforados y vidrieras rotas fueron las consecuencias de aquel berrido más propio de un ‘heavy’ que de una señorita de Alcobendas… pero es lo que tiene estar sometida al influjo de 50 estrellas blancas. Reconozcámoslo: aunque de boquilla EEUU sea el blanco de nuestro odio también es -muchas veces inconscientemente- nuestro referente de máxima aspiración. ¡Nosotras mismas dedicamos un podcast a nuestro primer visitante yankee e ignoramos a chinos, venezolanos, rusos y demás comunistas!

Volviendo al tema de los Goya, la gala comenzó con un ‘remake’ de ‘Bienvenido, Mr Marshall’. Esa cinta que nos recuerda el catetismo patrio del que todos hemos pecado alguna vez y que nos hace empatizar con  la fascinación del joven colibrí cubano por un premio de nuestro país.

Aunque los gobiernos de Sudamérica se empeñen en quitar complejos a golpe de expropiación -y esto no es un reproche-, tal vez algún día el Luis Berlanga de las Américas se sirva de la sutil magia del cine para poner a los suyos frente a un espejo. Ese Luis (José Wilfredo) Berlanga cogerá prestada alguna figura de relumbrón de la metrópoli española -pongamos, por ejemplo, a María Dolores de Cospedal- y retratará con humor e ironía la admiración de sus  paisanos ante ese ídolo venido de Castilla.

Y esa película se llamará ‘Bienvenida, Miss La Mancha’.