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Formas de estropear una buena canción

27 Mar

EVA Y.

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Empezamos con una adivinanza, a ver si conseguís saber quién SOY, SOY SOY SOY, SOY SOY SOY, SOY SOY SOOOOOOOOOOY. ¿Lo tenéis? ¡Sí! Un anuncio de la Mutua Madrileña, por no decir EL anuncio.

En el mundo del marketing y la publicidad se rumorea que esta campaña estaba contratada por una duración de 120 años, pero debido a llamadas de anónimos que amenazaban con tirar por la ventana y prender fuego a sus vinilos originales de Survivor, La Mutua se vio obligada a retirarla y crear un nuevo anuncio.

Así surgió su nuevo spot, transgresor y totalmente diferente a todo lo hecho anteriormente. ¿Os acordáis? “SOOOOY SOOOOY SOOOOOY” (o “Noooo, noooo, noooo” dependiendo de la versión). La canción de “Rehab”, de Amy Winehouse, versionada en nombre de la curia empresarial madrileña. Un caso extraño teniendo en cuenta lo que el tema original pretendía transmitir. A estos les da igual una de Los Chichos que de Motorhëad, total, su “gancho” unisilábico -“SOY”- encaja en cualquier canción.

Así, por ejemplo, si la Mutua se adjudicara el hit del recientemente fallecido Tony Ronald, ‘Help, ayúdame’, haría la siguiente ecuación:

Help + a+yú+da+me + en + tu…a+mis+tad + he + pues+to + to+da + mi + fe= 16 sílabas = 16 SOY

SOYx16= SOOOY SOY SOY SOY SOY, SOY SOY SOY SOY SOY SOY SOY SOY SOY SOY SOY…

¿Lo apreciáis? Esperemos que hayáis puesto algo de vuestra parte, como una entonación mental. Si no todo esto habrá sido en vano, además de ridículo. Pues eso, que su mensaje, su eslogan, se adapta a cualquier ritmo y sin embargo los publicistas escogen una que habla de drogas y de la no necesidad de rehabilitarse. Un acto kamikaze si tenemos en cuenta que conducir bajo los efectos de las drogas es bastante peligroso y que a ellos lo que menos les conviene es tener clientes accidentados.

Pero esto debería importarles a ellos, no a nosotros. Nosotros solo entramos en esta historia como telespectadores y como apasionados de la música.

No sé muy bien cuál es el público objetivo de la Mutua, pero sí que las personas se pueden dividir, atendiendo a según qué criterios, en dos categorías básicas: positiva y negativa. Si escogemos como criterio de categorización de personas el gusto por la música se formarían dos grupos: aquellos a los que les gusta y aquellos a los que no les gusta. Ningún ejemplar perteneciente a ninguno de los dos grupos -y que me aspen si me equivoco- podría soportar un anuncio de la Mutua Madrileña. Entonces… ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ LO HACEN?

Habría dos soluciones posibles ante este “Caso Mutua”: la primera, que los poseedores de los derechos de las grandes canciones no se los vendieran a la aseguradora; la segunda, que los publicistas de la Mutua escogieran temas de Javi Cantero, Tamara o David Hasselhoff y así, en lugar de estropearlas y enfurecer al público melómano, las revalorizarían y llegarían a oídos a los que jamás hubieran llegado de otra manera.

Rompamos una lanza a favor de la Mutua Madrileña porque si bien es cierto que en su último anuncio, ese de los coches que se creen orquesta, usan el Himno de la Alegría, no es suyo el mérito de que tal sinfonía produzca ahora el sentimiento contrario al que promete su título.

Muchos otros se encargaron de sorber el interés acústico de esta melodía, por ejemplo, el Sabadell.

También Samsung lo hizo, todo sea dicho, de una forma más original.

Y he de reconocer que yo misma soy cómplice de este mancillamiento: es la única canción que aún recuerdo cómo tocar con la guitarra, después de abandonar las clases 14 años ha. Esto es, que llevo 14 años tocando las mismas notas cada vez que quiero demostrar a alguien mi “pericia” digital. A todo esto hay que sumar el daño que han hecho las músicas de espera telefónica, que se han servido a gusto de Beethoven repitiendo en bucle el mismo fragmento de 20 segundos hasta que el interlocutor se desconcierta, se marea y acaba por desmayarse. Vamos, que tirando de dislexia y hartazgo se podría renombrar el tema como el Himno de la Alergia, el Himno de la Apatía o el Himno de la Herejía, según el caso personalizado de cada oyente.

MÚSICAS DE ESPERA TELEFÓNICA

Sí… Cómo nos gustan las músicas de espera y su poder para convertir lo polifónico en “politónico”, al más puro estilo ‘Nokia Tune’. Ya hemos hablado de la incursión del Himno de la Alegría por estos lares, pero… ¿qué decís de ‘Para Elisa’? Esa pieza que todo el mundo conocía cuando la “música de muestra” no eran más que grabaciones insertadas en la raquítica memoria de pianolas y organillos. Su fama fue in crescendo y de ahí dio el gran salto a las centralitas telefónicas de instituciones y empresas. Es cierto que lo que antes era un monopolio, SU monopolio, ahora es un mercado diversificado en el que el “llamante” o emisor de la llamada se puede encontrar con una amplia gama de canciones y estilos. Pero ‘Para Elisa’ sigue teniendo un nicho importante en los edificios públicos. Podéis probar, mismamente, con El Matadero de Madrid.

Una de sus más duras competidoras, de las que va comiendo poco a poco el terreno que conquistó la pieza de Mozart, es ‘Let it be’. Ya están Los Beatles metiendo las narices donde no les llaman. Bueno, en realidad sí que les llaman: no es difícil encontrar una institución o empresa en la que cuando llamas y comienza el baile de saltos de un teléfono a otro lo que aparece en medio de toda esa nada es ‘Let it be’ -instrumental, claro-. De hecho, aproximadamente un 50% del mercado musical de España (contando centralitas telefónicas, hilos musicales en hoteles, gabinetes de fisioterapia, dentistas y restaurantes para parejas prefabricadas, y stock en tiendas de música y top-mantas) pertenece a ‘Let it be’ -instrumental, claro-.

Y vale, que sí, que la canción es bonita, pero hay muchas más en el mundo y esta no da más de sí. A saber en cuántos dispositivos, en cuántos lugares del mundo está sonando ahora mismo… y a cuánta gente está llegando. Basándome en la política del hijo único de China propongo que se controle la producción y venta de discos/hilos/música de espera que contenga ‘Let it be’ -instrumenta, claro-. Como seres humanos que somos, nos conocemos y sabemos que infravaloramos aquello que está a nuestro alcance en grandes cantidades, por muy bueno que sea. Así que BASTA YA de ‘Let it be’ -instrumental, claro-. Todos saldremos ganando.

EVENTOS DEPORTIVOS

Menos mal que las Olimpiadas son cada 4 años, porque me imagino al pobre Vangelis mordiéndose las uñas histérico cada vez que encendía su televisor para ver las de Londres. Hasta en las competiciones de vela parecían escucharse las amables notas de su ‘Carros de fuego’. Amables al principio… y muy emocionantes. Pero a los tres días de Juegos una ya no sabía si hacer una visita al Sombrerero Loco o si atender a esas misteriosas voces procedentes de un cementerio indio. Cualquier delirio o contacto con lo paranormal era bueno para escapar por unos minutos del perturbador sonido espacio-celestial. Aunque el auténtico fenómeno extraño en todo esto es que no ardieran los altavoces ni los equipos de música del Estadio Olímpico. Ahora tenemos 3 años y pico de por medio para recuperarnos, y hasta creo que a día de hoy sería capaz de escuchar ‘Carros de Fuego’ y disfrutarla, siempre y cuando fuera con moderación.

No tenemos la misma suerte con el fútbol… y el ‘We are the champions’ surge con demasiada frecuencia de esas orquestas de gargantas guturales y cuerdas vocales inflamadas, que, avivadas por el eco se encumbran en los campos de juego. Se trata de toda una demostración sonora de la virilidad del macho dominante que habita en los estadios de fútbol, con la peculiaridad de que este himno de victoria deportiva narra, probablemente, los desasosegados pensamientos de un homosexual llamado Freddie Mercury.

Aunque ahora todos los hooligans del planeta se pusieran de acuerdo para no cantarla nunca más, ya sería demasiado tarde. El daño es irreversible. Se ha abierto una brecha entre los fans de Queen y ‘We are the champions’ difícilmente reparable. Menos mal que el grupo nos dejó un más que abundante legado de obras maestras para elegir como alternativa a todo este Benidorm musical.

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